Infiltrado en un grupo de Telegram: peleas, violencia, drogas y pornografía infantil
Apuestas deportivas, productos y billetes falsificados, violencia explícita, peleas e incluso pornografía infantil. A todo ello llegan los menores que están en grupos de la red social Telegram. Algunos lectores tendrán instalada esta aplicación, y los que no, seguramente la conozcan. Detrás de un inofensivo y amable icono azul se esconde uno de los nidos de los rincones más oscuros de internet. A ellos se puede aterrizar de forma casual, aunque hay quienes lo hacen buscándolos de forma consciente. Sin embargo, a los teléfonos de los más jóvenes llega de forma natural: con una invitación. Hay quienes en esta aplicación ven películas, consumen información, chatean con amigos y familia o incluso allí tienen las comunicaciones de su trabajo. No obstante, una oscura red de grupos que trafica con contenido ilegal lleva campando a sus anchas desde hace varios años. Así, sin quererlo, muchos menores en España se ven expuestos a grandes riesgos.
'El rey de Murcia'. Es el nombre por el que se conoce al grupo de difusión de este tipo de contenido que aglutina a más de 8000 usuarios. Lo cierto es que la edad y procedencia es muy variada. Miembros que superan la veintena y la treintena comparten espacio con adolescentes y niños que en ocasiones no alcanzan los 12 años. La mayoría son de la ciudad de Murcia, o al menos así parecen manifestarlo en el chat al que este medio ha tenido acceso. El grupo lleva operativo desde septiembre de 2022, aunque no se descarta que hubiera otro anteriormente, ya que el modus operandi siempre es el mismo. Cuando se cierra un grupo, se abre uno nuevo. La plataforma de Telegram no pone trabas en el asunto: ni modera ni colabora. La impunidad es total. Este medio se puso en contacto con Policía Nacional en octubre de 2023 para denunciar la existencia del grupo y su contenido. A día de hoy, no se tienen novedades del asunto y los agentes judiciales han rechazado contestar a nuestras preguntas. La realidad es que lugares como este hay cientos, y no hay recursos suficientes para abarcar todas las investigaciones.
Luis, de nombre ficticio, confiesa que llegó al grupo por la invitación de un amigo. "Me metí por él. Ni lo busqué ni nada. De hecho, ni soy de Murcia: vivo en Madrid", afirma. Luis tiene 23 años, pero reconoce que hay un gran abanico de edad entre los usuarios: "Hay gente de todo tipo. Más mayor que yo, de treinta y algo, e incluso de 15 o 16". Él dice llevar oculto en el grupo sin compartir ni contestar mensajes durante un tiempo, y achaca la responsabilidad a los padres de los menores "que dejan que naveguen con total libertad".
Telegram es conocida por su respeto a la privacidad: permite crear espacios con miles de miembros anónimos y sus mensajes están cifrados. Su filosofía de libertad se ha convertido en que la aplicación es la preferida para los ciberdelincuentes, que la entienden como un lugar permisivo para el crimen digital. Aunque según la red social, el año pasado bloqueó a 700.000 canales relacionados con explotación infantil, existen muchos más ejemplos que pasan desapercibidos por los reducidos filtros de moderación. La prueba más palpable, es que a pesar de comunicaciones a la compañía, 'El rey de Murcia' sigue existiendo. El Instituto Nacional de Ciberseguridad, en su informe anual, registró en 2024 más de 1.500 reportes de contenidos relacionados con el abuso sexual infantil. Además, con frecuencia las autoridades se hacen eco de operaciones contra este tipo de actividad. Este mes se incautaron 6.000 dispositivos electrónicos y se intervinieron más de 594.000 vídeos y fotos.
La facilidad con la que se accede a este tipo de contenido pone sobre la mesa un problema estructural. La responsabilidad es compartida y esto no está ocurriendo en la dark web. Está ocurriendo en los móviles de los jóvenes, que normalizan lo que consumen. La inocencia ya no la pierden en la calle ni en el mundo real, sino en esa frontera tan difusa en la que se ven arrastrados hacia el porno más duro. Los riesgos y consecuencias no son una amenaza futura: son un problema presente.