CHAMPIONS LEAGUE

Garra, corazón y fe

El Inter de Lautaro Martínez, en una nueva final de Champions tras una colosal actuación ante el Barcelona

Lo ganaba el Inter. Lo empató el Barcelona y lo dio vuelta en el 87'. Lo volvió a empatar el Inter en el 93' y lo ganó en el alargue. Venían de quedar 3-3 en la ida, ambos tuvieron infinitas chances, hubo atajadas descomunales, el partido estuvo más que peleado hasta el último minuto. ¿Cuándo vamos a volver a ver algo así? La semifinal de ayer fue legendaria. Para muchos, la mejor en la historia de la Champions. Entretenida para el neutral, infartante para el aficionado de cualquiera de los dos equipos e inolvidable para el mundo entero. De esos partidos que se van a recordar con nostalgia y emoción dentro de unos años.

Ambos merecieron ganarlo, pero el partido del Inter es para mostrarlo en las escuelas de fútbol en todo el mundo. La actitud, la garra, el hambre de gloria y de revancha; por la caída temprana ante el Atlético de Madrid, por la final perdida en Estambul. No es fácil recomponerse y seguir intentando después de que te den vuelta un 2-0 en el final. No es fácil hacerle partido al que, hoy por hoy, es el mejor equipo del mundo. No es fácil estar 120 minutos en la cancha sin que la cabeza te juegue en contra. No es fácil. Pero el F.C. Internazionale Milano lo hizo; y de qué manera.

Un nombre de la jornada de ayer que va a quedar en la historia del club italiano es Francesco Acerbi. Un defensor de 37 años que llegó a Primera a los 23, que perdió a su padre, que tuvo problemas con el alcohol y que venció el cáncer en más de una ocasión. ¿Su primer gol en Champions? El 3-3 que le volvió a dar vida al Inter y lo llevó a la prórroga. El que selló la historia en Milán y llevó a los dirigidos por Inzaghi a la final es Davide Frattesi, que marcó el 4-3 en el 99' y envolvió al Giuseppe Meazza en un grito de gol desaforado e inundado de ilusión.

El empate de Acerbi en el final / Inter

Otra de las figuras más importantes de la noche no fue nada más ni nada menos que Lautaro Martínez, que además de ser uno de los jugadores más determinantes del mundo, es un líder con todas las letras. Se lesionó en la ida, tenía 15 días de recuperación y pidió estar igual. Jugó a una pata, abrió el marcador y provocó el penal que amplió la ventaja para el nerazzurri. Así se porta un capitán. Así se juega una semifinal de Champions.

El Inter es una familia de guerreros. Llegaron a la final luchando y dejando todo por la camiseta. Están a 90 minutos de cerrar la herida de hace dos años y tocar el cielo con las manos. Y a Lautaro, que llegó a Italia para seguir escribiendo la historia moderna del club y ser uno de los protagonistas, ojalá que el fútbol le de la revancha que merece. Ojalá que el 31 de mayo seamos todos un poco más felices.