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El Málaga conquista Zaragoza y jugará el playoff de ascenso

Chupete celebra un gol que vale un playoff/ Diario SUR
Un triunfo incontestable en el Ibercaja Estadio (0-2) certifica la clasificación blanquiazul para el playoff ante un Zaragoza ya descendido

Había una ciudad soñando, miles de aficionados recorriendo España con la ilusión a cuestas, y había un equipo que dependía de sí mismo para escribir una de las páginas más importantes de su historia reciente. El Málaga no falló. En una tarde de máxima tensión y máxima responsabilidad, el conjunto blanquiazul derrotó por 0-2 al Real Zaragoza y certificó su clasificación para el playoff de ascenso a Primera División.

El Ibercaja Estadio, escenario de la despedida del Zaragoza del fútbol profesional tras consumar su descenso a Primera RFEF, terminó convirtiéndose también en el escenario de la celebración malaguista. Mientras una afición cerraba una de las etapas más dolorosas de su historia, otra veía cómo su equipo culminaba el objetivo de regresar a la pelea por la élite. Porque el Málaga llegó a Zaragoza sabiendo que una victoria le abría de par en par las puertas del playoff. Dependía de sí mismo y actuó como un equipo consciente de la magnitud del momento. No hubo nervios, ni especulación, ni cálculos, hubo fútbol, personalidad y una puesta en escena propia de un candidato al ascenso.

Desde el primer minuto, los hombres de Juanfran Funes transmitieron sensación de control. El balón circuló con criterio, la presión fue intensa y el equipo supo interpretar cada fase del encuentro. Frente a ellos apareció un Zaragoza herido, golpeado por una temporada desastrosa y sin capacidad para cambiar el guion de una tarde que parecía escrita desde mucho antes del pitido inicial. El primer gol cayó como una liberación. El Málaga encontró el premio a su superioridad y silenció un estadio marcado por la resignación. Con ventaja en el marcador, lejos de replegarse, los visitantes siguieron buscando la sentencia. La sensación era clara: el playoff estaba más cerca que nunca y nadie quería dejar escapar la oportunidad.

El 0-2 tuvo aroma de sentencia definitiva. El Zaragoza bajó los brazos y el Málaga comenzó a jugar con la serenidad de quien sabe que tiene el destino en sus manos. Cada recuperación, cada posesión y cada minuto que avanzaba acercaban más a los blanquiazules a la promoción de ascenso. En la grada, los centenares de aficionados desplazados desde Málaga comenzaron a celebrar antes incluso del pitido final. El sueño que hace apenas unos años parecía imposible tras la caída a categorías inferiores es hoy una realidad. El club de Martiricos vuelve a estar entre los aspirantes a Primera División.

Cuando el árbitro señaló el final, se produjo la explosión. Abrazos, lágrimas, cánticos y una comunión perfecta entre equipo y afición. No era para menos. El Málaga cerraba la fase regular consiguiendo el objetivo que perseguía durante toda la temporada: estar entre los mejores y luchar por el ascenso. Ahora llega la hora de la verdad. Llegan las eliminatorias, los partidos sin red y los noventa minutos que pueden cambiar una historia. Pero eso será otra batalla.