Miguel Ángel Revilla: “Cantabria ha sido mi obsesión, y mi familia, mi gran deuda”
Quince minutos antes de la hora acordada Revilla ya nos espera. Sobre su mesa están las audiencias televisivas del día anterior. Mientras se prepara el equipo para la entrevista, se sienta en su despacho a ver La Sexta, siguiendo la actualidad con la misma atención de siempre. Una vez todo preparado, le avisamos y se une a la conversación.
Pregunta. A su edad, sigue siendo una de las figuras más activas de la política. ¿Qué le impulsa a continuar?
Respuesta. A mis 83 años tengo achaques, claro, pero la cabeza me funciona. Nunca pensé en jubilarme y quedarme en casa leyendo el periódico o viendo la televisión. Necesito estar en permanente actividad. Lo he estado toda mi vida y, mientras el cuerpo aguante, seguiré opinando, escribiendo y trabajando en el Parlamento de Cantabria.
P. Después de tantas décadas en política, ¿qué siente que ha sacrificado?
R. Mucho. Sobre todo, a mi familia. No puedo presumir de haber sido un padre ejemplar. Mi mujer sabía cómo era yo, pero aun así reconozco que he dedicado más tiempo a Cantabria que a mis hijas. Ese déficit de atención me pesa ahora.
P. ¿Qué le llevó a dar el salto a la política?
R. En 1975 tenía una vida cómoda: director de banco, profesor universitario, con mis hobbies. Pero tras la muerte de Franco me invitaron a una charla sobre el futuro de España en Torrelavega. Defendí recuperar el nombre de Cantabria y convertirnos en comunidad autónoma. Aquello generó una polémica enorme y decidí volcarme en convencer a la ciudadanía. No sé dónde habría acabado si no hubiera tomado ese camino.
P. ¿Cuál considera su mayor aportación a la vida pública?
R. Haber conseguido que Cantabria sea Cantabria. Que no seamos una provincia más de Castilla la Vieja. Ese es mi mayor éxito. También haber aportado coherencia, honradez y estabilidad política. Desde 1995 nunca faltaron presupuestos y se acabó con la corrupción que había antes.
P. ¿Qué cree que ha ganado usted personalmente?
R. El cariño de la gente. Vaya donde vaya, me saludan, me piden fotos, me reconocen la coherencia. Eso es muy bonito. Y también haber difundido Cantabria por toda España: su gastronomía, su paisaje, su cultura. He hecho una labor de promoción enorme.
P. Muchos jóvenes sienten que la política no les representa. ¿qué les diría?
R. Que tienen motivos para sentirse así. Los grandes partidos no se han ocupado de su futuro. Hoy los jóvenes tienen menos porvenir que yo cuando terminé la carrera. Los sueldos son bajos, la vivienda es inaccesible y no se puede ahorrar. Eso genera frustración y radicalización. Lo veo en mi propia casa: mi hija, con tres máster y hablando inglés, gana 1.200 euros y paga 800 de alquiler. Es insostenible.
P. Vamos a hablar de actualidad pero también de algunas cuestiones sobre las que usted, en su momento, se pronuncio. ¿Qué me puede decir de la dana de Valencia?
R. Lo de Valencia fue imperdonable. Un presidente no puede desaparecer en una catástrofe. Hay políticos que no merecen estar en esos cargos porque no tienen vocación. Van a la política porque no saben hacer otra cosa.
P. ¿Hay personas intocables judicialmente en España?
R. Por supuesto. La ley de enjuiciamiento criminal es de 1880. Los casos se alargan 15 años y muchos prescriben. Algunos políticos mueren antes de ser juzgados. Eso no le pasa a un ciudadano normal. Si hubiera voluntad, los casos que afecten a cargos públicos deberían tener prioridad absoluta y resolverse rápido.
P. En los últimos años ha aumentado su presencia en televisión, ¿se considera más personaje público que político?
R. Yo no cobro por ir a la televisión. Voy porque me llaman y porque creo que hago una labor didáctica. No voy a tertulias donde ya se sabe lo que va a decir cada uno. Yo tengo libertad para opinar porque no debo nada a nadie y tengo un pasado limpio. Eso me da credibilidad.
P. María Galiana le mencionó recientemente en La Revuelta, ¿qué le pareció?
R. Es una mujer con un currículum extraordinario y sus palabras reflejan un sentimiento bastante generalizado hacia mí. A estas alturas de la vida, que la gente te quiera es muy bonito. No he recibido un insulto por la calle en años.
P. ¿Iría al programa?
R. No lo sé. Soy una persona de fidelidades. He hecho 37 programas en El Hormiguero y sé que a Pablo Motos no le gustaría que fuese a otro sitio. Pero nunca digo nunca.
P. ¿Le han ofrecido ser colaborador fijo en televisión?
R. Sí, pero siempre he dicho que no. No voy a ningún programa por obligación. Yo no cobro nada y voy cuando quiero. En La Sexta Noche he estado 75 veces, dos horas cada vez, denunciando escándalos que nadie se atrevía a tocar.
P. Ha mencionado su papel en la lucha por el tratamiento de la hepatitis C, ¿qué recuerda de aquello?
R. Fue una de las cosas más importantes que he hecho. Cuando el tratamiento costaba 85.000 euros por persona, el Gobierno dijo que era imposible pagarlo. Yo me puse como loco. Dije que ningún político debía cobrar sueldo hasta solucionarlo. En Cantabria fuimos los primeros en aplicarlo. Aún recibo cartas de gente que me dice que está viva gracias a eso.
P. ¿Qué legado le gustaría dejar cuando se retire de la política?
R. No he acumulado fortunas. Mi legado es lo que he hecho por Cantabria y la imagen que dejo a mis hijas. Que puedan ir por la calle con la cabeza alta y escuchar: “Tu padre fue buena gente y trabajó por los demás”. Eso es más importante que cualquier herencia material. No quiero que mis hijas tengan que esconder quién fue su padre.