La Semana Grande de Santander arranca marcada por la masificación turística y las primeras polémicas
El inicio de las fiestas dejan una pitada a la alcaldesa, el macrobotellón programado en El Puntal y quejas por la suciedad y la falta de control en las zonas más concurridas
La Semana Grande de Santander ha comenzado con una afluencia masiva de visitantes que ha desbordado de nuevo las previsiones municipales. Las calles del centro, las casetas y las zonas de ocio nocturno han registrado el primer día una concentración de gente muy superior a la habitual, lo que ha generado problemas de movilidad, acumulación de residuos y dificultades para garantizar la seguridad en los puntos más concurridos. La ciudad vive su semana festiva más importante, pero también una de las más tensas de los últimos años.
El arranque de las fiestas estuvo marcado por un momento bastante esperado: la pitada a la alcaldesa Gema Igual durante el chupinazo, un gesto que ha evidenciado el malestar de parte de la ciudadanía y de los colectivos que llevan semanas denunciando la gestión municipal. La protesta, que se ha escuchado desde toda la plaza, ha coincidido con la presencia de miles de personas y se convirtió en uno de los episodios más comentados del día de ayer. Para muchos, ha sido la expresión pública de un clima de descontento que ya se había manifestado en otros actos recientes.
A la masificación en el centro de la ciudad se ha sumado otro problema: el macrobotellón en El Puntal, convocado en redes y que volverá a ser protagonizado en gran parte por jóvenes llegados de fuera de la ciudad. La concentración, deja cada año montones de basura, restos de vidrio, plásticos y zonas deterioradas en un espacio natural protegido. La situación ha reabierto el debate sobre la falta de control en los accesos y sobre la presión turística que sufre la zona durante estas fechas. Este año, como novedad, no se podrá subir a las lanchas con alcohol.
La acumulación de residuos también se ha convertido en una de las principales quejas de los vecinos, como todos los años. Calles saturadas, papeleras desbordadas y restos de botellón en zonas del centro y del Sardinero han generado críticas hacia la organización municipal, que asegura haber reforzado los servicios de limpieza pero admite que la afluencia ha superado lo previsto. A ello se suma la preocupación por la seguridad, especialmente tras los recientes conflictos con la Policía Local, que ha denunciado falta de recursos y condiciones laborales precarias en plena temporada alta.
La Semana Grande continúa, pero lo hace con un debate abierto sobre el modelo de fiestas, la gestión del turismo y la capacidad de la ciudad para asumir un volumen tan elevado de visitantes sin comprometer la convivencia ni el entorno. Santander celebra, sí, pero también se enfrenta a los límites de una masificación que cada año resulta más difícil de gestionar.