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¿Por qué los terremotos de Venezuela han sido tan devastadores?

Un edificio del norte de Venezuela, derrumbado tras los terremotos / AFP
El primer temblor fue a las 18.05 con un epicentro entre las ciudades de Yumare y Montalbán. El segundo fue muy cercano pero con una magnitud de tres décimas superior

Son las 18:05 horas del pasado miércoles. A tan solo 23 kilómetros de la localidad de Yumare, en el Estado de Yaracuy, los venezolanos notan un fuerte estruendo. Todo comienza a temblar y el mundo parece que se está viniendo abajo, literalmente. Apenas treinta y nueve segundos después, otro estruendo pilla por sorpresa a miles de personas que estaban en sus casas o en las fiestas de San Juan un 24 de junio como otro cualquiera. Son dos terremotos, pero parece que el segundo golpea con más fuerza. Sin margen para escapar, bloques de apartamentos enteros se desploman en el estado costero de La Guaira. Miles de personas quedan atrapadas y otras tantas, de las que todavía no se conoce la cifra definitiva, acaban perdiendo la vida. 

 

Según el geólogo y profesor de la Universidad de Buenos Aires, Andrés Folguera, el hecho de que dos terremotos coincidan en tiempo y espacio "es un fenómeno estudiado y documentado", aunque reconoce que es "de lo más devastador". Así ha sido en el norte de Venezuela. Más de 920 muertos según el último balance recogido a última hora de este viernes y más de 3.000 heridos. La Organización de las Naciones Unidad (ONU) ha cifrado en 50.000 el número probable de personas desaparecidas. Pero, ¿por qué se ha producido este dramático evento?

La falla de Oca, la clave de todo

Hay una estructura geológica activa que atraviesa el norte de Venezuela y se llama la falla de Oca. Cada cien años se produce un terremoto de magnitudes similares a las que se han vivido (7,2 en el primer seísmo y 7,5 en el segundo). Ocurrió ya en 1812 y en 1900, y ahora de nuevo en 2026. El registrado a principios del siglo XX dejó tan solo 25 muertos, aunque es lógico teniendo en cuenta que las estructuras y edificios que hoy día tenemos no existían entonces. El principal riesgo para la vida no son los seísmos como tal, sino los derrumbamientos y escombros. 

El profesor del departamento de Ingeniería Civil de la Universidad de Chile, Rubén Boroschek, advierte de que hay que establecer diferencias relevantes entre terremotos como los de Venezuela y los que han ocurrido recientemente en otros países. En el suyo, Chile, un sismo de magnitud 8,4 golpeó el centro norte del país. Las viviendas que se vieron afectadas fueron relativamente pocas. Las normativas estrictas y los sistemas de construcción diseñados para absorber la energía sísmica son fundamentales para evitar desastres como el que se está viviendo estos días.