ENTREVISTA

Ígor Rodríguez-Iglesias: "No me dejaban jugar al fútbol por hablar andaluz"

Ígor Rodríguez-Iglesias, frente a la Facultad de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Málaga / J.P.
Ígor Rodríguez-Iglesias (Huelva, 1980). Es doctor en Lingüística y Lengua Española. Fue profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, plaza que rechazó para volver a la Universidad de Málaga. Entre clases, se anima a dar unas pinceladas sobre la discriminación lingüística: "Esto de 'una nación, una lengua' no existe"

Sale del aula a propósito para la entrevista. Hemos quedado a las once y media, después de terminar sus clases de lengua con un grupo reducido de estudiantes de periodismo. Se le ve llegar a lo lejos, pero interrumpe su marcha. Se le ha olvidado la bolsa de la compra en el coche. Le gusta tanto su trabajo que también imparte docencia por las tardes, así que no le da tiempo a llegar a casa para comer. Hacemos la instantánea para la portada de esta entrevista y, amablemente, pide que se fotografíe el momento. “Esto es para la posverdad”, confiesa entre risas. Subimos a su despacho. Por algo hay que empezar la charla.

Pregunta. ¿Qué es la glotofobia?

Respuesta. Es lo que tradicionalmente se ha llamado discriminación lingüística, pero es un término acuñado por Philippe Blanchet, sociolingüista francés. La glotofobia pasa al interior de las variedades lingüísticas, no sólo al inglés, español, francés y las lenguas de las que estamos acostumbrados a hablar.

P. ¿A qué edad la descubres?

R. La descubro cuando con 4 años me llevan a Burgos. En mi plazoleta de Huelva era uno más. Jugábamos al fútbol, cazábamos lagartijas y cogíamos la bicicleta. No había diferencia entre los niños. La única conciencia lingüística que había, el contraste, era Portugal. En Burgos yo era el diferente. No me marcó especialmente pero si me decían que hablara bien, tendían a corregirme… Sí recuerdo una vez que me dijeron que yo no podía jugar al fútbol porque, decían, no era de España. La profesora del colegio llamó a mis padres diciendo que tenía un problema. El problema era que hablaba en andaluz.

P. “La lógica de la inferiorización de las variedades lingüísticas no dominantes”, ¿por qué esa tesis doctoral?

R. Mi hermano mayor falleció con trece años, para cumplir catorce. Él era lo que en la época llamaban “deficiente mental profundo y autista”. Él no hablaba. Mi pregunta, como niño, era esa. Por qué no habla mi hermano. Y luego la radio. Con ocho años me aficioné, con diez me regalaron un micrófono y con trece gané un concurso de locutoría y me metí. En esa época te decían que tenías que hablar con una variedad centronorteña peninsular. El modelo era ese: copiar a los de Madrid. Después estuve en bachillerato en una escuela de doblaje y teníamos que hablar igual.

P. Hablando de las variedades centronorteñas, ¿existe en España algún acento más neutro que otro?

R. No, porque el acento neutro no existe. El centronorteño es el modo habitual porque es lo que siempre se ha privilegiado. Es como cuando aparecieron mujeres en la conducción y solo conducían hombres: resultaba raro. No era neutra la presencia de un hombre, se trata de una normalización. Es una falacia lo del acento neutro. 

P. ¿Has tenido a nivel profesional alguna situación de discriminación lingüística?

R. En la radio siempre me han dicho que grabar en andaluz no se podía. En la universidad no porque aquí se privilegian por igual todas las variedades.

P. ¿Cuál fue el debate más destacado de glotofobia que has tenido? Porque en marzo de 2018 estuviste en Canal Sur charlando sobre estereotipos y hablas andaluzas y tuviste un conflicto con Sánchez Dragó.

R. Él estaba utilizando la misma estrategia de condescendencia que Torrente Ballester [escritor español], que mucha gente comparte creyendo que está diciendo cosas buenas de los andaluces. Venía como a dar clases, sin ser profesor de nada, con cuaderno y mordiéndose las gafas. Era una persona muy clasista. ¿Me va a contar a mí qué es ser andaluz? Para echarnos piropos no necesitamos que venga nadie de fuera, porque además nosotros lo hacemos hasta mejor. No sé qué pintaba allí, sobre todo porque en ese momento acababa de publicar en un libro que violó a una menor en Japón y ya había prescrito. Se refugió en lo de “puede ser que sea verdad o mentira”. 

P. ¿Qué capacidad tiene la educación para corregir la glotofobia?

R. Tiene una total capacidad porque si nunca te hablan de nada de esto no la conoces. A menos que lo escuches en algunos medios o en sitios como el carnaval. En redes sociales están dando cuenta de cosas que les sucede a la gente en cuanto a glotofobia. El sistema educativo, al final, te provee de herramientas si la persona que está dando clase tiene formación en esa cuestión. Es como el feminismo. No puede ser que una persona tenga una formación concreta y el alumnado tenga esa suerte: tiene que ser una cuestión institucional y que todos los profesores estén formados. 

P. En septiembre del año pasado hablaste en elDiario.es sobre andalufobia y las palabras de Esperanza Aguirre, ¿es ignorancia, desconocimiento o malafollá? 

R. Son todas. Es andalufobia y además relacionada con el género. Porque a Felipe González, Alfonso Guerra y otros políticos andaluces nunca nadie les deslegitimó. A Jesús Aguirre, el de la Junta, que él es muy de su pueblo, nadie le desvaloriza. Ahora, a las mujeres sí. A María Jesús Montero, a Trinidad Jiménez, Susana Díaz… Esperanza Aguirre lo que tiene es una ideología lingüística en la que hay una “forma correcta” de hablar. Es una Johnny Bravo.

P. ¿Escribir en andaluz es posible o es “terrorismo” contra el castellano?

R. Es posible [risas]. No es terrorismo. Puedes escribir hasta con faltas de ortografía, otra cosa es que te vayan a aprobar.

P. ¿Deberían hacerse los exámenes de acceso a la universidad en segundas lenguas como el catalán? 

R. Bueno, segunda o primera. Es la lengua de allí. Se deben hacer esos exámenes y enseñar la lengua catalana. Esto es como si tú le pides a los portugueses que dejen de hablar portugués porque tú quieres echar currículums. Si me dices que es que “es otro país” entonces ya el análisis es de nacionalismo metodológico, no lingüístico. La lengua de Cataluña es el catalán, y luego el español. Las dos conviven y las dos son oficiales.

P. ¿Por qué crees que hay gente que entonces se opone?

R. Los que se están oponiendo no son los propios hablantes de esas lenguas, sino los que tienen un nacionalismo españolista. Parece que si protestan dos está protestando la totalidad, pero el que está contento nunca protesta. Los que lo hacen son los que tienen una catalonofobia, gallegofobia… gente incompatible con el Estado de derecho y específicamente con el Estado social y democrático en virtud del artículo primero de la Constitución. Tantos golpes de pecho con la Constitución y en ella lo pone muy clarito. Esto de “una nación, una lengua” no existe.