Una Unión Europea con grilletes: el camino hacia una mayor soberanía
En un contexto internacional cada vez más volátil e inestable, la Unión Europea encuentra sus decisiones en gran parte supeditadas a los intereses de otros actores. Ante este panorama, el concepto de "autonomía estratégica" toma el protagonismo en la discusión sobre la soberanía europea.
La "autonomía estratégica" en el centro del debate público
La autonomía estratégica se refiere a la capacidad de la Unión Europea de tomar decisiones de forma autónoma en ámbitos como defensa y seguridad, comercio y relaciones internacionales. Esto implica no subordinar sus objetivos y decisiones a otros estados por el temor a las represalias. Evidentemente, una absoluta independencia en un mundo globalizado es contraproducente. Es por ello que las relaciones de política internacional se han de basar en la interdependencia para una mayor prosperidad. Así, cuando la dependencia es mutua, hay menos espacio para el chantaje, las amenazas y el control unilateral, porque ambas partes reconocen su vulnerabilidad y responsabilidad compartida en la relación.
Emmanuel Macron advirtió en una entrevista en 2023 tras su visita a China que Europa debe evitar convertirse en un "vasallo" de EEUU, abogando por mayor autonomía estratégica. No solo lo han advertido figuras políticas, analistas e instituciones como el European Council on Foreign Relations (ECFR), sino que también es una percepción profundamente mediatizada debido especialmente al inicio de la invasión a Ucrania. Este conflicto evidenció cómo precisamente en un conflicto en suelo europeo, la Unión Europea no tiene capacidad de defensa propia al depender de la infraestructura de la OTAN y consecuentemente del liderazgo y recursos de Estados Unidos.
¿Por qué ahora?
Durante las décadas posteriores al Tratado de Maastricht (1992) y especialmente tras la ampliación hacia el Este (2004-2007), la prioridad de la UE era consolidarse como un actor económico y político global, y para ello necesitaba una fuerte red de alianzas internacionales. En este sentido, Estados Unidos era imprescindible en el escenario unipolar y apostar por una política que redujera la dependencia de aliados clave, como EEUU, habría supuesto renunciar a beneficios cruciales que, en ese momento, eran necesarios para el desarrollo del proyecto europeo. Es por ello que es precisamente ahora conveniente iniciar esta carrera por la autonomía.
Así, la Unión Europea ha establecido como uno de sus ámbitos prioritarios de actuación en el periodo de 2024 a 2029 el refuerzo de la autonomía de Europa. El preludio que concienció a Europa de su preocupante dependencia ha sido la reciente inestabilidad en el escenario internacional provocada por la pandemia del COVID-19, la invasión de Rusia a Ucrania y las respuestas débiles, fragmentadas y poco efectivas que ha podido dar la Unión Europea a casos como el del Sahel. De este modo, han permitido que potencias como China y Rusia incrementen aún más su influencia. La vulnerable relación que ha desarrollado con Estados Unidos en los últimos años ha propiciado en gran parte que la Unión Europea oriente su actuación hacia un refuerzo sustancial de sus capacidades como actor independiente.
El bloque europeo ya está en marcha en esta carrera por su soberanía; ya ha empezado a actuar. La necesidad de una mayor capacidad operativa en el ámbito de defensa y seguridad ha impulsado la creación de la Cooperación Estructurada Permanente, también conocida como PESCO, que fue lanzado oficialmente en 2017. Este plan incluye mecanismos formalizados para favorecer la interoperabilidad y desarrollar capacidades militares de manera conjunta entre países. Para financiar este proyecto también se aprobó en 2021 el Fondo Europeo de Defensa. Esta iniciativa tiene por objeto fomentar la competitividad y la capacidad de innovación para así contribuir a la autonomía europea.
¿A qué retos se enfrenta el bloque europeo?
No obstante, el camino no será llano. Actualmente, las fuerzas políticas euroescépticas y de extrema derecha se están abriendo paso en el escenario internacional, ocupando un lugar destacable muchas de sus propuestas en el debate público. Tiene especial relevancia el predominio del "euroescepticismo blando" que, aun sin oponerse a la pertenencia a la Unión Europea, pretende debilitar el proyecto europeo desde dentro. Mientras que anteriormente líderes como Abascal, Orbán o Meloni prometían en sus programas la salida de España, Hungría o Italia de la Unión Europea, ahora pretenden construir una Unión Europea con menos competencias para proteger la soberanía nacional. Esta evolución se debe a que los resultados del Brexit no cumplieron con las expectativas que habían generado figuras como Boris Johnson. Ahora podemos vislumbrar una falta de mano de obra y una marcada escasez debido a la reducción del mercado y el aumento de las barreras comerciales.