El estilo barroco resiste en la literatura malagueña
"Es su última pero también su mejor novela". Así comenzó un miércoles cualquiera del mes pasado la presentación de Bárbara Gunz, obra del escritor malagueño Rafael Maldonado, en la librería Proteo del centro de Málaga. El encuentro fue conducido por Agustín Rivera, destacado periodista de El Confidencial que lleva presentando encuentros en la provincia desde hace un tiempo. Después de 11 libros y 15 años de escritura ininterrumpida, Maldonado cree haber conseguido unir la novela clásica con un lenguaje diferente. Un estilo "barroco", asegura.
Su primera obra tuvo una conexión evidente con Málaga, concretamente con La Desbandá de 1937 (El trapero del tiempo), y ahora vuelve a su tierra con esta última entrega. "Antes se llegaba a la política de otra forma", ha señalado Maldonado, hablando de los expresidentes del gobierno de principios del siglo XX. La historia de su última novela empieza en el año 58 y el autor destaca que no quería hacer la obra de principio a fin. "Quería jugar con el tiempo (...), uno se pone a escribir y no sabe muy bien cómo lo ha hecho", señala. "Ser barroco es una visión de la literatura, no poner florituras", sentencia Maldonado acerca del lenguaje que "ha desaparecido" en la literatura española y que él recupera en su novela. El escritor confiesa que todos los días escribe un párrafo, y así "a fin de año tienes un libro". Es su ritmo literario.
Respecto a los best sellers hubo una gran crítica en el encuentro con los lectores. "Gracias a ellos [los best sellers] podemos editar libros como el de Bárbara Gunz, que tiene unos lectores muy justos, pero se ha llegado a un alto grado de descaro", afirma. "El Estado tiene una gran capacidad de transformar la sociedad con la cultura y la educación", exige el autor al criticar el reciente fichaje de la televisión pública por La familia de la tele. Lejos de lo mediático y volviendo a la presentación, tanto su primera como la última novela "van uniéndose". La primera fue fruto de su interés por la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Civil Española, y esta última ha sido por haber encontrado su voz literaria. "Para mí no es muy racional lo que uno escribe", ha destacado al recibir una pregunta del público, que no entendía muy bien cómo era el proceso creativo del escritor. En tiempos de literatura acelerada y fórmulas repetidas, su propuesta —paciente, barroca, personal— recuerda que aún hay autores dispuestos a desafiar y a recuperar la densidad del lenguaje como resistencia.