El contraplano

Mucho más que una nota

El esfuerzo de tantos niños durante dos cursos de bachillerato se calificará en tres días. La posibilidad de elegir el grado que deseen estudiar estará sujeta a la calificación de asignaturas que poco tendrán que ver con la carrera
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Joven se concentra durante un examen de la Prueba de Acceso a la Universidad/ Jaime Villanueva

Esta semana, alrededor de 300.000 estudiantes tendrán que realizar la Prueba de Acceso a la Universidad. Con ello se retoman los debates sobre la disparidad entre las comunidades autónomas o las cábalas de las posibles preguntas que los alumnos deberán resolver. 

Sin embargo, pocas veces se plantea si un examen debe determinar la vida profesional de tantas personas. España es un país cuyo sistema educativo intenta transmitir a los alumnos que valen más que una nota, pero esta determina si accederán a su grado preferido. ¿Cómo pueden ser irrelevantes el esfuerzo y la constancia de los estudiantes? ¿Por qué una semana ocupa el 40 % de su nota? 

Nuestra educación se basa en la primacía del proceso sobre el resultado a pesar de que el futuro de estos estudiantes lo determna la calificación de seis exámenes. Dicha cultura del esfuerzo se cuestiona progresivamente pues, en la actualidad, se puede obtener la titulación de Bachillerato con asignaturas suspensas, aunque no se pueda acceder al grado deseado por dos décimas. No obstante, el problema quizá sea mucho más profundo que seis exámenes. 

Es probable que el conflicto sea más complejo. Es probable que el modelo de enseñanza impuesto sea diferente al que luego se demanda. ¿Cómo podemos evaluar con exámenes de comprensión a generaciones que han aprendido a base de la memorización? Este interrogante evidencia uno de los defectos de nuestro sistema educativo: los cambios se implantan en las últimas etapas en vez de construirse desde la base. Cierto es que la implantación de una formación basada en el entendimiento y no en la memorización es indispensable. Asimismo, resulta fundamental que el inglés se desarrolle de forma práctica en las aulas desde las primeras etapas. Sin ninguna duda, asignaturas como Inglés, Historia de España o Filosofía son esenciales para el desarrollo humano y para la evolución de la sociedad. Sin embargo, ¿cuánta justicia hay en que un alumno obtenga una plaza en Medicina por encima de otro por la nota de alguna de estas asignaturas? ¿No deberían ser más específicos los criterios y asignaturas que definan qué alumno es más competente para ese grado?

En estas cuestiones suele olvidarse un actor fundamental en la formación: los profesores. Ciertamente, todo modelo educativo, como toda sociedad, debe evolucionar porque es inherente a nuestra historia. Por ello, es necesario contemplar la perspectiva de todas las partes implicadas pues, en la mayoría de casos, los perjudicados son ellos. Aquellos que acaparan la atención de tantas familias como calificadores cuando, en realidad, su labor trasciende mucho más que eso. Docentes que enfrentan esa cuenta atrás agónica que es segundo de Bachillerato. En algunas ocasiones, sin que se proporcione la información suficiente para enfocar el contenido impartido al examen que realizarán sus alumnos. Quizá la labor de estos profesionales, el esfuerzo de estos 300.000 estudiantes por un futuro digno y la ilusión de tantas familias sean tan importantes que valgan más que una nota.