EUROLIGA

El Olympiacos resiste al orgullo blanco y conquista Europa en Atenas

El conjunto griego derrotó al Real Madrid en una final vibrante y cargada de tensión, marcada por la resistencia madridista pese a las bajas y por el empuje de un OAKA entregado a los locales.
Olympiacos celebra la Euroliga- Olympiacos Twitter
Olympiacos celebra la Euroliga/ Cuenta de Olympiacos en X (Twitter)

La Euroliga volvió a regalar una final a la altura de su historia. En un OAKA convertido en una caldera roja, el Olympiacos derrotó al Real Madrid Baloncesto por 92-85 y levantó su cuarta corona continental trece años después de su último título europeo. El equipo griego encontró la revancha perfecta tras la dolorosa derrota sufrida ante los blancos en Kaunas 2023 y lo hizo sosteniéndose en su fortaleza física, en el dominio del rebote y en el liderazgo ofensivo de Evan Fournier. El Madrid, condicionado por las importantes bajas interiores, volvió a competir con el carácter que lo distingue en Europa, pero esta vez la épica no alcanzó para culminar otra remontada histórica.

El partido arrancó con un ritmo frenético y con un Real Madrid dispuesto a discutir cada posesión pese al favoritismo del conjunto heleno. Trey Lyles asumió la responsabilidad ofensiva desde el primer minuto y sostuvo a los de Scariolo con una primera mitad sobresaliente desde el perímetro. Cada triple del estadounidense silenció por momentos a la grada griega y permitió al conjunto blanco mantenerse en partido incluso cuando Olympiacos parecía imponer su músculo cerca del aro. Sin Tavares, Garuba ni Len, el Madrid tuvo que reinventarse en defensa y sobrevivió gracias al esfuerzo colectivo, con Hezonja y Feliz multiplicándose en ambos lados de la pista.

 

Pero las finales suelen decidirse en los pequeños detalles y ahí apareció el carácter competitivo del Olympiacos. Fournier tomó el control en el tercer cuarto, Walkup manejó los tiempos y Peters castigó cada desajuste defensivo madridista. Los griegos encontraron segundas oportunidades constantes mediante el rebote ofensivo y comenzaron a abrir una ventaja que parecía definitiva. Aun así, el Madrid volvió a levantarse cuando todo parecía perdido. Campazzo aceleró el ritmo, Hezonja atacó el aro con agresividad y los blancos entraron en el último minuto con opciones reales de completar otra de sus habituales gestas europeas.

La reacción madridista llevó el partido a un desenlace de máxima tensión. Lyles volvió a aparecer con una acción de dos más uno y Campazzo recortó distancias desde la línea de tiros libres, dejando el marcador abierto en los últimos segundos. Sin embargo, el intento final no encontró premio y el Olympiacos terminó celebrando una victoria tan sufrida como merecida. El pabellón explotó entre lágrimas, abrazos y bengalas rojas mientras los jugadores griegos levantaban el trofeo continental ante su afición. El Madrid cayó con honor, compitiendo hasta la última posesión pese a las adversidades físicas y a una final disputada en un ambiente claramente hostil.

El triunfo del Olympiacos premia la regularidad del mejor equipo del torneo durante toda la temporada y devuelve al club griego a la cima del baloncesto europeo. Para el Real Madrid queda el reconocimiento a una actuación llena de orgullo competitivo y la sensación de haber estado cerca de otra noche inolvidable. Europa volvió a comprobar que cuando ambos gigantes se cruzan en una final, el espectáculo está garantizado.