Creencias personales
Nuestra verdad no está muerta, pero está muy grave, ahora todo se pone en duda, ahora todo es debatible y cuestionable
Hoy venía con la intención de estrenar esta columna con una clara crítica a La Familia de la Tele y cómo ha contribuido a seguir degradando TVE. Pero después del tremendo repaso que le ha dado Jimina Sabadú en El País poco más se puede añadir, lo que sí se puede abordar son esas supuestas creencias personales que van contra toda lógica establecida.
El episodio de la semana pasada de la sempiterna serie británica Doctor Who iba precisamente sobre eso, sobre quienes no aceptan la realidad, quienes usan las mentiras como armas. En esta misma línea uno de los episodios de esta semana de Andor presenta un discurso con el mismo mensaje y que contiene una frase demoledora: “la muerte de la verdad es la victoria definitiva del mal”. Nuestra verdad no está muerta, pero está muy grave.
Llevamos años donde se excusa y equipara cualquier barbaridad bajo el paraguas de “creencias personales”, da igual que sea: se equiparan posturas contrapuestas como si fueran igualmente válidas, como si hubiera algún tipo de neutralidad a la hora de respetar algo tan básico como los derechos humanos, se ha visto con JK Rowling y su intolerancia beligerante ante cualquier grupo minoritario; se menosprecian todo tipo de servicios públicos y se pervierte la idea de lo que deben representar, véase La Familia de la Tele; se niega la ciencia en favor de gurúes. Ahora todo se pone en duda, ahora todo es debatible y cuestionable.
Si se sigue negando lo innegable, los científico, lo demostrado empíricamente, lo único que nos queda son falacias y verdades a medias, que no dejan de ser mentiras enteras. Y yo me pregunto, ¿cómo se ha llegado a este punto?