La luz no es el problema

No somos conscientes de lo conectados que, paradójicamente ante la ausencia de electricidad, estuvimos ese día
Una joven con su teléfono móvil el día del apagón / EFE
Una joven con su teléfono móvil el día del apagón / EFE

Con seguridad esta será la enésima pieza que leerán sobre el apagón, pero hablando en plata me la trae al pairo. Entre otras cosas porque los jóvenes, que nunca acostumbramos a salir en ningún sitio —vaya a usted a saber por qué—, hemos sido de lo más comentado del evento histórico que vivimos el lunes. Y yo, al menos de momento, soy joven. Así que me permitiré la licencia y hablaré en nombre de todos ellos. Más allá del caos que originó la ausencia de energía en nuestro país y en cierta parte de Europa, los jóvenes vivimos una experiencia sorprendentemente buena. Los que estuvimos en la calle, claro. Cuando ocurrió estaba en clase, en la universidad, y lejos de irme a mi casa como el resto, me fui a la residencia universitaria de Iker —sí, el otro director de este medio— para ver si esto se arreglaba pronto y, de paso, observar el nerviosismo y las actitudes del resto de universitarios.

Para ninguna sorpresa, estuvieron bastante tranquilos. Atestigüé, como ya sospechaba antes, que no somos una generación de cristal y que estamos perfectamente preparados para afrontar una crisis de cualquier estilo. Nos vamos curtiendo entre pandemias y desastres, qué remedio. Los que allí estaban comieron con absoluta normalidad comentando el evento que no se terminaban de creer. Bajaron sus libros y bañadores y se lanzaron a la piscina, de forma literal. Las conversaciones afloraron, los móviles se olvidaron y aquellos que se avistaban diariamente por los pasillos se atrevieron a conocerse. Me fastidia volver a hablar una semana más de la tecnología, pero la ocasión lo merece. Y es que no somos conscientes de lo conectados que, paradójicamente ante la ausencia de electricidad, estuvimos ese día. "Ojalá ocurriera una vez cada mes", soñaba una chica en redes sociales. Echamos de menos socializar pero nos olvidamos de ello cuando nos sumergimos en la perversa jungla de internet. Ojalá algún día nos demos cuenta de que el problema no es que falte la luz, sino que no nos miremos cuando la hay.