De la cobardía al odio

El discurso ultraderechista que se esparce con rapidez por el mundo siempre tiene algo en común: la cobardía.

“Hay que ser muy cagón para no defender a los jubilados” decía Diego Armando Maradona allá por el 92 mientras acompañaba a lo que parece ser esta interminable lucha. La marcha de los jubilados en Argentina solo ha sido una excusa más para mostrar la represión y violencia que promueve el Gobierno Milei, como eco de sus palabras. “La motosierra” del “topo” que va a acabar con el Estado, solo destila rencor cada vez que se dispone a hablar en el púlpito. Sigue al pie de la letra la nueva tendencia ultra de alterar las masas en X como reflejo (o causa) de su éxito.

Es importante reconocer que la desgraciada situación de los jubilados no se le puede atribuir a un solo gobierno o nación. La precariedad de la vejez es un mal del sur global, resultado de la herencia milenaria de soluciones populistas y gobiernos destructivos que se niegan a trabajar con lo que se construyó en el mandato anterior, porque ante todo, quieren tener la razón.

Volviendo a las palabras de Maradona: “cagón”. Tendrá miles de significados en la Argentina, pero se puede trasladar perfectamente como sinónimo de cobarde. Con Diego discrepo en casi todo, pero desconocerle el amor por su patria, sería negar a Maradona por completo. En ese sentido creo que tenía razón. De hecho, su mensaje trasciende mucho más allá de apoyar o no la protesta. Creo que hay que ser muy cobarde para no estar del lado de quienes exigen sus derechos. Pero más cobarde aún, es quien con grandeza y poder, alienta a reducirlos, aplastarlos y callarlos.

Esa aparentemente es la estrategia ultraderechista: cultivar el rencor de este mundo ya tan polarizado. Solo hace falta abrir cualquier red social para ver la gran acogida que tienen estos discursos. Ese patrón incendiario que se replica desde el gigante americano hasta la ultraderecha internacional, se enorgullece de camuflar en proteccionismo o patriotismo las narrativas machistas, racistas, antiinmigrantes, y en general, todo lo que emane odio. Hay que ser muy cobarde para impulsar tus ideas —las que sean— alimentando el odio, apuntando a agitar la colmena y sentirte vencedor.

Lastimosamente, la ovación seguirá cada vez que se expresen estos personajes. Los llamados a la comprensión y el entendimiento seguirán siendo tachados de débiles. Se seguirán respaldando en la enemistad, el amedrentamiento, la intimidación y en pocos argumentos llenos de grandes insultos. Nos convencerán de no apostar por la empatía. Nos volverán cada vez más cobardes.