OPINIÓN

Seamos honestos

"Entrar en la política no significa aceptar la condición de chorizo"
Lona que denuncia la corrupción en España
Lona que denuncia la corrupción en España RTVE.es/EFE

A posiblemente menos de un año para las elecciones generales, el panorama político en España refleja una crisis de representatividad contundente tras el cuarteto de comicios autonómicos de este 2026.

La desafección hacia la clase política es cada vez mayor entre la ciudadanía, que observa de forma generalizada a esta como una secta corrupta cuyo impulso de sus acciones se perpetúa en pegarse la vida padre con total impunidad. Entrar en la política no significa aceptar la condición de chorizo. La política existe precisamente para combatir contra eso.

Es necesario un aprendizaje al pueblo donde no perciban la política con lejanía, con frialdad o como un enemigo, sino como la forma indispensable de cómo se organiza nuestra convivencia, y, por eso, precisamente en busca de ese bien colectivo, hay que comprender que la corrupción es una lacra de unos pocos que no quieren satisfacer las necesidades conjuntas, sino negarse a mirar más allá de su propio ombligo.

El problema radica en la inducción de este mismo problema, es decir, interpretar por extensión que todos los políticos actúan de determinada manera. Nos da que reflexionar si los propios ciudadanos pueden pensar que ellos también pueden llevarlo a cabo. Pues es la educación la que nos dota con las herramientas necesarias para ser lo suficiente íntegros en aplicar nuestras facultades en el parabién de la sociedad en su conjunto. La instrucción pública es el proceso que consigue moldear y meditar al ciudadano de todas sus acciones y comportamientos.

En otro ámbito existe un factor controversial: los medios de comunicación, que realizan una labor incansable de visibilizar esta hemorragia interna, aunque, a su vez, la integridad quedará sometida a los intereses políticos y comerciales si prestan su función pública en generar crispación o manchar la imagen de personas que incomoden, precisamente porque luchan por el cambio. Aquellos medios que no realizan su encomendación de destapar públicamente la corrupción con mecanismos efectivos y una praxis periodística insobornable se convierten en panfletos de propaganda.

Si es cierto que la política es un trabajo que te dé de comer, no hay que aceptar ni interpretar que sea una labor que no ayude a comer a los demás. Puesto a ello, no caigamos en la pantomima de imaginar un sistema mejor como el que tenemos: la democracia. Con sus virtudes y sus defectos, que para transformarla sirve la política.