COlumna

Derecho de rectificación

Una sociedad que cuestiona tanto a los periodistas como a quienes ejercen el poder está evocada al borreguismo y las redes se vuelcan siempre en favor de las "víctimas de la mala prensa"

La Ley Orgánica 2/1984 dicta lo siguiente: 

"Toda persona, natural o jurídica, tiene derecho a rectificar la información difundida, por cualquier medio de comunicación social, de hechos que le aludan, que considere inexactos y cuya divulgación pueda causarle perjuicio".  

Recordar este derecho de la información en tiempos donde la prensa está en constante tela de juicio, en muchas ocasiones por los mismos que la ofenden mediante la mera comparación con panfletos y voceros, es más que fundamental. Cansa escuchar a ministros, políticos de la oposición, personalidades mediáticas o, en este caso, al presidente del Real Madrid, señalar con su poder e influencia a los mismos de siempre. Por lo que sea, a ninguno se le ocurre recurrir a esta vía legal.

Ya es descarado montar una rueda de prensa para normalizar una de las peores crisis mediáticas de un equipo en décadas soltando chascarrillos chabacanos. Pero salir como la víctima de persecuciones mediáticas siendo uno de los personajes más temidos por los despachos de cualquier redacción española —pregúntenle si no a Óscar Campillo— es de un despotismo pocas veces antes visto.

Hombres de otra época y corte moral. Son más de crear sus canales de información propios para comunicar a su gusto, secuestrar mediáticamente a los deportistas de su propiedad y, de paso, crear campañas de persecución contra árbitros —estas campañas parece que sí son buenas—. Ya lo dijo a calzón bajado un buen conocido de este susodicho, Javier Tebas: "Tú sabrás lo que vas a preguntar, que no vas a volver a salir". 

Los periodistas, en muchos casos, las pasan putas para mantener sus hogares, sus familias y su independencia al mismo tiempo. Numerosos son quienes dependen de la confianza hacia fuentes personales incapaces de estimar el daño que pueden causar por una traición o una mentira.

Una sociedad que cuestiona tanto a los periodistas como a quienes ejercen el poder está evocada al borreguismo y las redes se vuelcan siempre en favor de las "víctimas de la mala prensa". El medio siempre miente, difama o inventa, pero se normaliza saber que ocurrre en todo momento al instante, supongamos, por arte de magia. Cuando Ibai Llanos dice en un reel que "ya sabemos cómo es la prensa"; el ministro de Transportes asigna motes de la talla de "Cara al Sur"; o el presidente de la República de Argentina se jacta con memes sobre la escasa independencia de los medios, se pretende deslegitimar a quienes dedican jornadas interminables para que la audiencia pueda estar informada.