Que dejen de tomarnos por idiotas
Seguimos con el lío. Y no precisamente por la ausencia de acuerdo para conformar gobierno en Andalucía. La selectividad ha sido recientemente el tema estrella porque el futuro académico de más de 300.000 estudiantes se decide en estas pruebas. Lo que se nos escapa es que, en realidad, se decide justo después, cuando las notas de corte y la falta de plazas en la enseñanza pública obligan al alumnado a marcharse a una institución privada. Si tienen la fortuna de tener un colchón económico que no les obligue a dejar sus estudios, claro.
La asfixia que sufren las universidades públicas es una evidencia, no una opinión ni un relato oportunista como algunos pretenden trasladar. No es una cuestión tan solo de financiación, que también. Se trata de una falta total de voluntad política y de incapacidad de gestión que acaban sufriendo los mismos de siempre: estudiantes, profesores y cualquier colectivo que construye las enseñanzas superiores. Es complicado determinar si se trata de torpeza, ineptitud o una retorcida astucia. Lo que está claro es que las dinámicas que se han introducido les vienen como anillo al dedo a aquellas "universidades" privadas con cero interés en invertir en investigación —el verdadero motor de una institución— y con dudosos estándares de calidad. Misma situación en otros sectores como la sanidad. Monumental coincidencia.
Entristece especialmente que todo se analice desde el prisma político de siempre. Y ojo, este asunto es evidentemente político. Cuesta pensar en algo de la vida pública que no lo sea. El caso es que asistimos a una campaña electoral constante en la que la gestión ha dejado de ser importante y solo nos quedan mensajes insustanciales, de trazo grueso y maravillosos para TikTok pero que carecen de una utilidad práctica. Nadie arrima el hombro, nadie asume responsabilidades, nadie quiere mejorar nada. "Ya llegará el siguiente y lo arreglará", o no. Quizás la desafección de la gente joven en los asuntos públicos se vea alimentada también porque nos toman por idiotas. Estamos cansados de serlo.