La vieja guardia hunde a la izquierda
Tras las gafas de José Ignacio García, líder de Adelante Andalucía, se podía ver anoche sus ojos de ilusión. Su partido apostó por la construcción de un proyecto político progresista y alejado de intereses en la capital del reino. Y hacerlo a paso de "hormiguita" conectando con la gente.
Una estrategia muy criticada desde otros sectores de la izquierda, que apelaban a la "responsabilidad histórica": unidad frente a las derechas. Eso de que "lo que viene no es lo de siempre", que augura Gabriel Rufián. Les ha salido bien, los andalucistas han sacado a parte de la ciudadanía de la abstención, han cuadruplicado representación alcanzado los ocho diputados y dando el sorpasso a la izquierda estatal, organizada en Por Andalucía, que sufrió durante toda la noche ante el riesgo de perder escaños.
El gafa nos chafó los pronósticos a algunos, que asumimos que una coalición liderada por Izquierda Unida sabría hacer las cosas mejor. Así, frente a la ilusión de un partido que "ha venido para quedarse", destacan las caras largas de los dirigentes de Por Andalucía (incluida la secretaria general de Podemos Andalucía, Raquel Martínez, prácticamente desaparecida en la campaña) y de los socialistas. Aunque Montero mostró una sonrisa sin alma.
La coalición, que agrupa a siete partidos de izquierdas, consigue mantener sus cinco diputados. Esperaban crecer, lo reconocía el candidato. Las encuestas le daban seis o incluso siete. Perdieron 200.000 votos con respecto a 2022. De nada sirvió rescatar a uno de los líderes históricos del progresismo andaluz y coordinador federal de IU como candidato.
Quizás el 'efecto José Ignacio' era imparable. Quizás centralizar la campaña en los mismos lemas que el PSOE-A no fuese buena estrategia. Quizás ir en coalición con un partido que va por su cuenta, se presenta en los actos que le gustan y monta los suyos como si tuvieran papeleta propia sea mala jugada. Quizáses.
Lo que, sin duda, se demostró ayer es que la vieja guardia de la izquierda política andaluza no moviliza: ni Antonio Maíllo ni María Jesús Montero sirven para captar a un votante tan descontento con Juanma Moreno como con Pedro Sánchez y Óscar Puente.
Incapaz de salirse del marco discurso de "el PP privatiza los servicios públicos", Montero, que confiaba en revertir la tendencia a la baja, consiguió el hito de empeorar los peores resultados históricos de los socialistas andaluces. Bajo de los 30 diputados cosechados por Juan Espadas en 2022. Una vicepresidenta nacional no es capaz de mejorar a un exalcalde sin carisma alguna.
Maíllo, que parecía más el candidato del PSOE-A que del partido que encumbró Julio Anguita sobre las bases de un comunismo bien alejado de los socialistas de Manuel Chaves, ni siquiera trató de distanciarse de Montero y Sánchez durante la campaña. Quizás porque Sira Rego, ministra de Juventud e Infancia, es su subordinada en IU (tras perder contra él las primarias).
Frente la entente formada por "la mujer más poderosa de la historia de España" y el líder estatal de IU, un partido con apenas cinco años de historia, con dos diputados en el Parlamento andaluz, con pocos fondos y una significativamente inferior presencia mediática ha conseguido imponerse. Con ilusión, fuerza real para transformar, perfiles cercanos a la gente que busca representar, un conocimiento único del funcionamiento de las redes sociales y arraigo territorial. Así se ganan las elecciones, no con paracaidistas.