COLUMNA

Lo que diga va a misa

Parece lejano aquel proceso de secularización del siglo XVIII que estudiamos en la E.S.O
PAPA LEON XIV- CONGRESO DE LOS DIPUTADOS
El Congreso de los Diputados aplaude la llegada de León XIV al hemiciclo VATICAN MEDIA/LAPRESSE

Quince años han pasado desde la última vez que un papa pisó tierra española y no ha cambiado mucho el asunto religioso. Acontecimientos masivos de carácter social, litúrgico e institucional, pero esta vez se ha organizado un acto que nunca antes se había presupuesto: León XIV visitó el Congreso de los Diputados, y esto da mucho de qué hablar.

Desde su llegada como autoridad papal su línea social en consonancia con el antiguo papa Francisco es firme, así como su cercanía a los mensajes doctrinales de Ratzinger también lo son.

La combinación de ambas intenta buscar adeptos para la comunidad cristiana debido a la exponencial crisis de fe o las recientes reinterpretaciones culturales sobre el texto religioso que incomodan a algunas autoridades institucionales eclesiásticas. También su discurso de diplomacia internacional en una sociedad cada vez más polarizada hace efecto en los ciudadanos que protegen con dientes y garras cualesquiera sean las palabras que salen de su boca. Nada nuevo que no sepamos, pero quieren demostrarnos que su imagen es la referente.

Y sí, parece que para todos y cada uno de los diputados españoles lo es. Nunca había visto un acto que levantara a toda la cámara baja y aplaudieran con fervor siete largos y calurosos minutos, ovacionando sus defensas. El Papa en favor de la ayuda al hermano, aquellos que vienen en cayucos y debajo de camiones buscando una vida mejor, y aplauden su discurso, aunque el resto del año difundan mensajes de odio y exclusión hacia ellos, pero es el sucesor de Pedro, no se le puede achacar nada, pensarán algunos.

El Papa en contra de la eutanasia y el aborto: “Toda vida humana deber ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia”. Aun así, se levantan de su asiento y aplauden, aunque se muestren contrarios.

¿Cómo conseguirá un ser humano ser referente moral de tantísimos perfiles y tan dispares? Pues no, no lo consigue el individuo que es papa, sino la figura que representa, es decir, no por quien es sino por lo que es. No hay que achacar su correcta defensión con ciertos derechos humanos ni su consciencia por los desafíos humanos que conciernen la nueva realidad digital. No obstante, no podemos aceptar el no hacer públicamente contrapunto sobre algunas de sus declaraciones exclusivamente por ostentar el estatus que se le ha concedido, de igual modo que es interesado hacer una atención selectiva de sus palabras para apropiármelas, cuyo objetivo es que sirva de argumento para derribar al rival político.

Parece lejano aquel proceso de secularización del siglo XVIII que estudiamos en la E.S.O., donde no haga falta la unidad de fe como condición necesaria para la convivencia del Estado, a pesar de que es cada vez más latente en España, dando la sensación de que queda mucho por recorrer para finiquitar la laicización.

Menos aplausos y actos institucionales de personas que no pertenecen al sesgo político-social en instituciones públicas y más escucha activa entre nosotros para construir espacios de disputa, palabra y remedios con el propósito de alcanzar un consenso garantista que enriquezca la mayoría social.